Tras los tres libros para seguir aprendiendo las cuestiones esenciales sobre comunicación e Iglesia, continuo la serie con tres propuestas fílmicas. Tres películas muy diferentes entre sí, con el denominador común de saber abordar, con complejidad e interés, la figura del sacerdote. Hay muchas (y muchas buenas) sobre el tema, no todo son frivolidades y estereotipos. Esta pequeña selección entresaca tres títulos recientes: uno (Calvary) para verlo casi como experiencia pascual; otro (Silencio) para entrar de lleno en una tremenda experiencia misionera, tan polémica como atractiva; y otro (Si Dios quiere) para cambiar el tercio y poder hablar de asuntos de fe en familia con una sonrisa en los labios.

CALVARY es una película muy dura, una experiencia doliente, tan interesante y necesaria como interpeladora. Nos cuenta la historia del padre James, un irlandés, viudo que se ha ordenado sacerdote católico y que desarrolla su tarea pastoral en un pueblecito costero. Un buen día, en el confesionario, una persona le narra cómo fue víctima de abusos sexuales durante su infancia, por parte de un sacerdote, y cómo está dispuesto a vengarse ahora de aquello. Un relato propio de novela negra, donde también hay que saber encontrar al culpable. O mejor aún, hay que saber atinar con las heridas que tiene cada cuál y ver cómo todos, en distinta medida, necesitan amar y ser amados. Es cierto que puede verse como un ajuste de cuentas (no ideológico, pero ajuste al fin y al cabo) para cantarle las cuarenta a la Iglesia y ponerle encima de la mesa las posibles cuentas pendientes, pero yo prefiero verla y debatirla (es ideal para videoforum) como la historia de donación hasta el extremo por parte de un cura, magníficamente retratado en su peripecia martirial.

SILENCIO sigue la estela martirial de la película anterior, pero con forma y fondo muy distintos. Pocas películas han despertado tanta controversia en el ámbito católico como esta cinta de Scorsesse, que desde su mirada no creyente (o al menos no confesante ni practicante) retrata la misión y la persecución religiosa que sufren dos sacerdotes jesuitas en el Japón del siglo XVII. Basada en una novela homónima de Shūsaku Endō, es una historia terrible, con mucha violencia explicita, que no deja indiferente. Son más de dos horas y media de narración lenta y contemplativa. No es cine de playa ni familiar y requiere un visionado también lento, ajeno a las prisas que nos envuelven durante el curso. Nos interesa aquí, sobre todo, para fijarnos en el dibujo moral y espiritual que se hace de los sacerdotes que aparecen. Un retrato profundo, pero en ocasiones demasiado lánguido y tristón, al que parecen faltarle palabras y sobrarle silencios.

SI DIOS QUIERE es ideal para tomar oxígeno después de haber visto las dos anteriores. Se trata de una comedia italiana divertidísima que afronta sin complejos el asunto de la vocación sacerdotal en la Roma del siglo XXI. Para verla en familia, echarse unas buenas risas, y dialogar sobre la historia y los personajes tan interesantes que nos presenta. Propongo poner el foco en tres: el padre, ateo practicante, de nombre Tomás, como Dios manda, y médico reputado, al que se le rompen todos los esquemas de un día para otro; el hijo, que sorprende a todos en casa con un anuncio que nadie espera; y el sacerdote que acompaña al padre y al hijo, y que es decisivo en cada uno de los encuentros y de las conversiones que desfilan por la historia. No dejen de fijarse en dónde reside el atractivo de este hombre al que centenares de jóvenes escuchan con atención. Fíjense en lo que dice y en cómo lo dice, y pregúntese si, tal vez también en su vida, usted ha propuesto y Dios ha dispuesto.

Isidro Catela