¿Ya no nos palpita ese entusiasmo inconfundible por hacer el bien? ¿Nos hemos mimetizado con el entorno de hormigón y andamos quejosos, resentidos, sin vida? ¿Hemos confundido espera y esperanza? ¿Hemos enterrado nuestra verdadera alegría? Si es así, no sé qué hacemos, cual galileos ahí parados, mirando sin más al cielo.
El Papa Francisco lleva tiempo mostrándonos el antídoto contra esa vida arrastrada e insistiendo desde las primeras palabras de su pontificado en la alegría. Es la alegría del Evangelio que llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Cristo. Es el Papa de la alegría que nos dibuja Juan Vicente Boo, un vaticanista de fino pincel que, como los clásicos, conoce el bien y practica la virtud. Lean si no sus crónicas en ABC o pídanle a los Reyes Magos el libro que acaba de publicar (El Papa de la alegría, ESPASA), antídoto para esa vida que a menudo llevamos acumulada en la joroba. Si “el pontificado de Benedicto fluía suave como un concierto de Mozart, el de su sucesor parece a veces un número de circo en lo alto de un trapecio”. El circo de la alegría, de “un maestro de la comunicación, más eficaz en nuestros días cuanto más sencilla”.
Desfilan por la pista perfiles, personas, proyectos, problemas y secretos. Con mano delicada, pero sin tapujos, porque como acaba de escribir el propio Papa en su carta sobre la infancia, la alegría cristiana no puede vivir de espaldas a la realidad.
Llevamos casi cuatro años de inundación editorial sobre la figura del Papa Francisco. Este no es un retrato más de la galería, porque Juan Vicente ha sabido escoger el hilo conductor para el tapiz más adecuado. No se nota, como las buenas puntadas, pero está ahí. Como las amistades tejidas a lo largo del tiempo por el Cardenal Bergoglio: relaciones con personas concretas, cada una con su nombre y apellido; amistades, en definitiva, en la Alegría, que es donde verdaderamente dan su fruto. Déjense, dejémonos de andar impostando la sonrisa. Nos puede ayudar en la tarea este humilde libro, que tiene como protagonista a alguien que sabe hacer fácil lo más difícil: dar ejemplo y utilizarlo para señalar el camino de la verdadera alegría.

Isidro Catela