El Papa Francisco nos deja joyas diarias, casi en forma de útiles recetas, en sus homilías matutinas de Santa Marta. Y, sin duda, las características del Buen Pastor es uno de sus temas recurrentes. En este curso, hace poco más de un mes, dibujó las características esenciales del sacerdote. Tres, no más, que a nosotros como Fundación, especializados en prestar un servicio eclesial desde la comunicación, nos vienen al pelo. No hay comunicación eficaz en un sacerdote si no tiene celo apostólico, capaz de dar la vida por sus ovejas, si no sabe discernir, y si no sabe, prudente y convenientemente, utilizar la comunicación para la denuncia.

1.- APASIONADO: “el Buen Pastor da la vida por sus ovejas, no las abandona como si fuese un mercenario. Es apasionado hasta el punto de decirle a su gente, a su pueblo que experimenta por ellos una especie de celo divino. Este es el trato al que llamamos celo apostólico. No se puede ser un verdadero pastor sin este fuego dentro”.

2.- SABE DISCERNIR: “un pastor es un hombre que sabe discernir. Sabe que en la vida hay seducción. El padre de la mentira es un seductor. El pastor no, el pastor ama. En cambio la serpiente, el padre de la mentira, el envidioso, es un seductor. El pastor sabe discernir donde están los peligros, donde están las gracias, donde está el verdadero camino, y acompaña a las ovejas siempre: en los momentos bellos y en los momentos feos, también en los momentos de la seducción, con paciencia las lleva al redil”.

3.- SABE DENUNCIAR: “un apóstol no puede ser ingenuo y debe saber condenar, debe saber decir ‘esto no’, como los padres le dicen al niño cuando comienza a gatear y va hacia una conexión eléctrica a meter los dedos. ‘¡No, esto no, es peligroso!’ Me vienen a la memoria tantas ocasiones en las que mis padres y mis abuelos me advertían que había algún peligro…”.