Dios que reside en lo alto, viene abajo, se inclina, se hace pequeño en toda su grandeza. No hay comunicación mayor ni mejor noticia posible. Este es el Misterio de la Navidad: Dios, tan grande, tan bueno, que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo en la noche oscura. Se nos comunica, Dios hecho hombre. Desde la Fundación Carmen de Noriega deseamos que esta Luz de la Comunicación, con mayúscula, esté siempre presente en vuestro portal. ¡Feliz Navidad! Una Navidad que no necesita apellidos, pero a la que le hemos puesto encima este envoltorio digital que se hizo viral hace unos años y que sirve como vieja felicitación en odres nuevos.

Isidro Catela