He ido este fin de semana a ver la nueva película de Paco Arango. Me ha costado lo mío porque he tenido que buscar un centro comercial a las afueras de Madrid dado que estaban agotadas todas las entradas para todas las sesiones en la capital, y me ha costado también casi 20 €, que íbamos dos y el cine está por las nubes –el IVA y esas cosas de la cultura, ya saben-.
Doy por bien empleadas las dos cosas. Me alegro de la respuesta masiva a una llamada solidaria (hay mucha gente buena, que se siente interpelada y no todo es moral emocional que como viene se va). La película es la primera cuya recaudación íntegra irá a eso que, genéricamente, llamamos “una buena causa”. En este caso, a la iniciativa “Serious Fun Children’s Network”, los campamentos de verano para niños con enfermedades graves, que puso en marcha Paul Newman.
A Paco Arango, al que algunos recordarán de su particular movida musical y otros lo asociarán vagamente al imperio VIP´s de la comida rápida, le cambió la vida un encuentro con el Míster. Él lo llama así y, desde entonces, como sucede siempre que arde el corazón de esa manera, no se lo puede callar y anda contándoselo a todo el mundo, literalmente. Hace poco más de una semana, estuvo contándonoslo a profesores y alumnos en la Universidad Francisco de Vitoria. ¡Qué hermosa ceremonia del kleenex! En serio. No frivolizo. Tenían que haber visto cuánto joven universitario profundamente tocado, que, ya en el reposo de una clase de Ética o de Responsabilidad Social, se nos acercaba a los profes y nos decía: “no sé qué me ha pasado, pero mi vida, a partir de hoy, ya no va a ser la misma”. Paco Arango conmovió, como lo hace con sus historias cinematográficas, y desató una suerte de fiebre por el voluntariado, que tendrá que esperar porque en su Fundación Aladina, para acompañar a niños con cáncer en el Hospital Niño Jesús de Madrid hay una larga lista de espera.
Vayan a ver la película (no vean el tráiler que es un despropósito y la cuenta entera). Colaboren con la causa. No es tan redonda como su ópera prima (Maktub), pero tiene sobredosis de buenrollo, buenísimas intenciones, cero complejos a la hora de afrontar las preguntas fundamentales que a todos nos asaltan y un objetivo casi inmejorable. Por cierto, como hay runrún puritano que, sin llegar a la controversia de “Silencio”y Scorsese, anda metiendo cizaña, no hagan caso. En efecto, la película no es el Catecismo de la Iglesia, hay un cura grueso que ha perdido la fe, un cabra loca promiscuo y una mujer que dice ser lesbiana. El cine, el drama, la vida misma. Lo relevante es lo que Paco Arango hace con esa historia, con esos personajes y cuáles son las propuestas de felicidad que se nos ofrecen.
El cine estaba lleno de familias completas, con sus padres, hijos y abuelos. Yo me fui con el mayor de la casa, de doce años, y dimos en el clavo. Al salir, los dos tocados, entre la risa y el llanto, le dejé llevar toda la conversación. Le dedicamos minuto y medio a lo accesorio y toda la cena a lo que de verdad importa.

Isidro Catela