Tras el interés que despertó una de las últimas entradas de nuestro blog, sobre las características de una buena homilía, extractamos lo que dice a propósito el Papa Francisco en “La alegría del Evangelio”. Consejos prácticos, bien fundamentados y basados en su experiencia, especialmente en sus homilías diarias en Santa Marta. “La homilia -como dice Francisco – es la piedra para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo”.
Este es, a modo de ejemplo, el punto 142, sobre la ineludible belleza de la homilía, en un epígrafe titulado de forma elocuente: “Palabras que hacen arder corazones”:
Un diálogo es mucho más que la comunicación de una verdad. Se realiza por el gusto de hablar y por el bien concreto que se comunica entre los que se aman por medio de las palabras. Es un bien que no consiste en cosas, sino en las personas mismas que mutuamente se dan en el diálogo. La predicación puramente moralista o adoctrinadora, y también la que se convierte en una clase de exégesis, reducen esta comunicación entre corazones que se da en la homilía y que tiene que tener un carácter cuasi sacramental: «La fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo» (Rm 10,17). En la homilía, la verdad va de la mano de la belleza y del bien. No se trata de verdades abstractas o de fríos silogismos, porque se comunica también la belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien. La memoria del pueblo fiel, como la de María, debe quedar rebosante de las maravillas de Dios. Su corazón, esperanzado en la práctica alegre y posible del amor que se le comunicó, siente que toda palabra en la Escritura es primero don antes que exigencia.
Y aquí va el enlace del texto completo, entre los números 135 y 144 de la Exhortación.