“El problema de la comunicación y de la Iglesia actualmente no es un problema de tecnología”

Una treintena de obispos presidentes de las Comisiones de Medios de las Conferencias Episcopales Europeas se reunieron en Barcelona. Durante ese encuentro, Mons. Claudio María Celli, Presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, concedió una entrevista a Agencia SIC, que reproducimos en su totalidad. 

P.- Este año se cumple el 50 Aniversario del decreto Inter mirifica. Inter Mirifica tuvo grandes opositores en su salida, lo que le convirtió en un decreto ¿desgraciado? Sin embargo, puso las bases de la reflexión, por parte de la Iglesia, sobre la comunicación. 50 años más tarde ¿qué puntos de la Inter Mirifica siguen vigentes? 

R.- Yo creo que a pesar de los límites que pueda tener, Inter Mirifica es un documento plenamente conciliar: Los obispos del mundo, auspiciados por Juan XXIII, dedicaron un documento a la comunicación. Se trata de la primera vez que un concilio ecuménico dedicaba un documento al tema de las comunicaciones sociales. Esto es el elemento visible de un hecho más profundo: que la Iglesia empieza a confrontarse, a medirse, asumiendo una responsabilidad más profunda con los medios de comunicación. A esto está ligado el tema de la evangelización: el derecho de cada hombre de tener apertura a la información y, al mismo tiempo, la expresión de una maravilla, la Verdad, frente a las tecnologías que la Iglesia encuentra en sus manos caminando en el mundo.

Inter Mirifica se mueve en el contexto de prensa, radio y televisión, indudablemente no podía imaginarse lo que las nuevas tecnologías ponen como dimensión comunicativa hoy. Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco lo han reflejado muy bien: Las nuevas tecnologías originan una cultura. Juan Pablo II es muy claro en este aspecto, en los documentos “Redemptoris Missio” y “El rápido desarrollo” destaca cómo hay que dialogar con esta nueva cultura digital originada por los medios de comunicación e internet.

P.- Los medios de comunicación son un reflejo de la sociedad en la que nacen y se desarrollan. En este sentido ¿Cuál es el papel de la Iglesia, como evangelizadora, en una sociedad que se caracteriza por la rapidez de los cambios y la multitud de mensajes que recibe de manera casi instantánea? 

R.- Este ambiente de vida, en el que los hombres y las mujeres de hoy se encuentran: efectivamente es una red. Lo que recuerda el último mensaje de Benedicto XVI sobre las redes sociales con motivo de la Jornada de las Comunicaciones sociales.

La Iglesia toma conciencia de lo que está aconteciendo en el mundo comunicativo y crece la responsabilidad, dialogante y respetuosa, con esta cultura digital, percibiendo la tarea evangelizadora que es esencial en la vida de la Iglesia. La evangelización es la razón de ser de la Iglesia, esto es lo que le corresponde.

El problema es ver de qué manera hemos de dialogar. Aquí recuerdo lo que Benedicto XVI decía en Lisboa a los hombres de la cultura. En un mundo multicultural y multi-religioso la Iglesia debe aprender a dialogar respetuosamente con la verdad de los otros. Esto debería ser una dimensión especial de la comunicación de la Iglesia.

Los católicos somos conscientes de llevar en nuestro corazón a quien dijo de si mismo que era la Verdad y la Vida y, al mismo tiempo, sabemos que vivimos en un contexto donde los hombres, por decirlo así, tienen muchas verdades. La Iglesia que comunica, que dialoga, que se hace diálogo como decía Pablo VI, y lo debe hacer respetuosamente con la verdad de los otros.

P.- Podría parecer, en algunos momentos, que el papel de la Iglesia en los ámbitos comunicativos son siempre ‘críticos’… escuchamos frases como ‘La Iglesia sólo habla para imponer’ ‘no escucha…’. Sin embargo el papa Francisco es enormemente valorado por sus ‘gestos comunicativos’ ¿Estamos ante una nueva ‘era de la comunicación’ en la Iglesia? 

R.- Una dimensión importante la profunda conexión entre eclesiología y comunicación. Yo lo expresaría así “dime qué eclesiología tienes en tu corazón en tu mente y yo te diré que tipo de comunicación vas a tener”. Por ejemplo, si vemos a la Iglesia solo como institución, (aquí pongo la imagen de la torre de marfil) nos convertimos en una Iglesia que sólo hace proclamas, sólo hace afirmaciones, está preocupada sólo de expresar el tesoro que lleva…. no es, creo, la Iglesia que hoy el Papa Francisco y antes Benedicto XVI quieren.

Creo que hay que recobrar la dimensión de la que el papa Francisco expresó en su discurso a los obispos de Brasil. Yo he dicho varias veces que aquellos dos discursos son como una pequeña encíclica sobre la Iglesia. Es esta Iglesia que comunica, una Iglesia que mira con simpatía al hombre de hoy, que camina con el hombre de hoy, que acompaña al hombre de hoy y sabe dialogar con él. Encuentro que esos dos discursos tienen una belleza única, me dejaron muy sorprendido, porque tiene unas referencias, unas reflexiones, de una particular belleza.

Creo que la Iglesia tiene que confrontarse con esta palabra del Papa Francisco, que es una palabra exigente como exigente es el Evangelio. Es interesante lo que dice sobre el ritmo del peregrino: que uno camina enfrente, adelante, atrás al lado de su pueblo; analizando y percibiendo cómo el hombre se encuentra hoy, cómo vive. El Papa Francisco dice que la Iglesia debe saber, como hizo Cristo con los dos discípulos de Emaús, quedarse en su oscuridad, en su situación de desánimo, entrar dentro para caminar con estos hombres y mujeres de hoy.

El problema de la comunicación y de la Iglesia actualmente no es un problema de tecnología sino que más bien toca la dimensión más íntima de la vida de la Iglesia: el amor a los hombres y mujeres. Aquí hay una visión muy teresiana. El Papa Francisco es un profundo devoto de Teresa de Lisieux y, en sus discursos, se descubren unas resonancias teresianas profundas que, al igual que Teresa, habla de este amor de Dios a sus hijos.

P.- Existe una cuestión en torno a la Verdad, a la eclesiología ¿Cree que la estructura de la comunicación audiovisual, con las nuevas redes sociales, la proliferación de los mensajes breves permite la transmisión de la verdad? ¿Son las redes sociales capaces de llevar a cabo, por su naturaleza, la transmisión de la verdad?

R.- Uno de los últimos estudios del Pew Research Center mostraron cómo la gran mayoría de los usuarios de redes sociales hablan de música y deporte; pero es interesante ver que hay un 30% aproximadamente que se interesa por la problemática de la humanidad y un 14% que habla de religión; hablamos de porcentajes internacionales, hay países donde se habla más y donde se habla menos.

Una tarea grande de la Iglesia es sostener, apoyar al hombre que busca la verdad y ayudarle a discernir, entre todos los mensajes que recibe, aquellos que le ayudan a hacer un camino de búsqueda de la verdad

Aunque esto sea un poco el límite, en las redes sociales hay ciertos sectores de pensadores. Algunos expertos señalan que esta avalancha de mensajes no ayuda al hombre a pensar, a meditar y a adquirir sabiduría, porque no puede procesarla, meditarla.

En parte tienen razón, en este sentido, Benedicto XVI dedicó uno de sus mensajes al silencio. El hombre necesita espacios de silencio para elaborar, para digerir estos mensajes. Una tarea grande de la Iglesia es sostener, apoyar al hombre que busca la verdad y ayudarle a discernir, entre todos los mensajes que recibe, aquellos que le ayudan a hacer un camino de búsqueda de la verdad y de crecimiento de la verdad. Y esto es difícil. Es una de nuestras tareas más importantes con los jóvenes.

Una tarea profundísima, que es una de las más delicadas porque no se trata de hacer una actividad, la tarea de hoy y las nuevas tecnologías que son mas interactivas exigen buscar juntos la verdad y a veces sería interesante para la Iglesia no solo dar respuesta sino también acrecentar la dimensión de las preguntas. Para que el joven, la joven de hoy sepan descubrir poco a poco el sentido de su camino.

P.- Podemos decir entonces que existe una cuestión de eclesiología; pero en las redes sociales, la Iglesia puede anunciar el Evangelio pero experimenta una dificultad para celebrar la verdad porque la celebración exige un encuentro personal ¿cómo realizar ese salto de la enseñanza del Evangelio a la celebración del Evangelio? ¿Cómo se llega a la “comunidad celebrante”?

R.- Esta es una pregunta muy importante porque es indudable que el hombre pueda descubrir “algo” en internet, pero su camino de Fe, su crecimiento en el camino de Fe, requiere una participación en la vida de Jesús, el camino de Fe no es solo intelectual, es una vivencia. Esto no se puede explicitar en el contexto de las redes sociales. Así que esta persona que busca, y empieza a percibir algo, debe encontrar una comunidad que lo acoja y le ayuda a caminar. La dimensión del hombre en este sentido no es ser seguidor de una ideología, nuestra vida está ligada a Cristo: es una vida de comunión pero de una comunión activa.

Es necesario pues, una comunidad que lo sepa comprender, animar, una comunidad viva, activa dinámica y no siempre nuestras comunidades son así. El problema es éste: cuándo y cómo viven las comunidades concretas que son capaces de dar y acoger a un hombre que busca así. Este es el desafío que afrontamos.

P.- Por sus palabras, nuestra comunidad cristiana, en la actualidad, tiene que presentar el Evangelio al hombre que no lo busca, ¿Qué capacidades tienen las comunidades en la actualidad a través de las redes para realizar esta tarea?

R.- Creo que esto requiere un camino de conversión pastoral, como el Papa nos dice. Los pastores tienen una responsabilidad particular pero también nuestras comunidades deberían comprender que ser discípulo significa ser misionero, significa tener una dimensión activa en la transmisión verdad, significa que mi dimensión de búsqueda continúa en el tiempo.

Una parroquia debe vivir al lado del Padre y, al mismo tiempo, debe vivir con este anuncio misionero, de búsqueda a quien está lejos

Tenemos comunidades que se estancan, están en pausa, muy contentas, autoreferenciales…podríamos compararla a la situación del hermano mayor de la parábola del hijo prodigo que se enoja porque su padre ha recibido a su hermano y le recrimina que él ha estado siempre con el Padre “y nunca me has ofrecido un cabrito para hacer fiesta con mis amigos”… a veces nosotros mismos no sabemos comprender que la alegría es estar con el Padre.

Una parroquia debe vivir al lado del Padre y, al mismo tiempo, debe vivir con este anuncio misionero, de búsqueda a quien está lejos, con el corazón del padre que mira al camino para ver si su hijo regresa. Muchas veces en nuestras comunidades nos hemos sentado, autocomplaciéndonos de los que somos, en una autoreferencialidad muy pobre. Hay que salir a buscar y acoger al hermano que no está conmigo, porque si no está en la casa algo falta en esa casa.

 (Jose G. Vera – Agencia SIC)