El 21 de agosto de 1567 nació en el castillo de Sales, en Saboya, un niño débil, prematuro, que fue bautizado al día siguiente con el nombre de Francisco Buenaventura. Patrón de los periodistas, Doctor de la Iglesia, san Francisco de Sales es un auténtico gigante. Nos han llegado sus frases certeras sobre la conveniencia de ofrecer mejor una gota de miel que litros de vinagre, pero su vida y obra merecen profundizar un poco más de lo que los caracteres de Twitter nos permiten. Para quien empiece de cero, sus sermones son espléndidos, fáciles de leer e idóneos para rezar con ellos. Para quien ya conozca algo, que siga con “El Tratado del Amor de Dios”, una delicia.
El Doctor de la Amabilidad, como era conocido, sabía bien que los afectos tienen un gran valor cognoscitivo; que, al menos, abren la mente y la predisponen favorablemente. En tiempos de postverdad, y discusiones tan peregrinas como iracundas en redes sociales, su vida y obra deberían ser de obligada lectura en las Facultades de Periodismo.
Su fiesta se celebra el 24 de enero. Queridos cuentacosas, amigos periodistas, que san Francisco de Sales os proteja y estimule a seguir buscando la verdad, contra viento y fake news.

Isidro Catela